La Experiencia Guajira

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abril 30, 2015

Cuando estoy a punto de salir para Almería a las Jornadas sobre Flamenco que organiza la Universidad, me vengo corriendo al ordenador a subir esta entrada al Zarcillo Rojo. Llevo varias semanas dándole vueltas al tema central de las jornadas: “Nuevas fórmulas en el flamenco del siglo XXI”; y asocio en mi mente: Flamenco y Universidad, Flamenco y Almería, Flamenco y Gestión Cultural… y me pongo en modo ebullición.

A las 7 canto en el Paraninfo. Se viene conmigo David, El Niño de la Fragua con su guitarra. Hesú, uno de los socios fundadores de La Asociación cultural La Guajira me dijo que los acompañara para hablar sobre este tema y sobre la “Experiencia Guajira”.

Hesú, Estela y Manolo abrieron en 2012 este espacio en una casa rehabilitada del barrio de La Almedina, a los pies de La Alcazaba y, desde entonces, no han parado de programar actividades y conciertos de todo tipo. También flamenco. Acabo de descubrir que mi síndrome de Diógenes se extiende desde el trastero hasta mi disco duro y he encontrado el cartel de la inauguración:

 

guajira

 

 

Fuimos bastantes los que contribuimos, cada uno con lo que pudo, a que arrancara este “proyecto de autogestión” como lo llaman en el artículo del periódico, y a día de hoy la “Experiencia Guajira” es una realidad. Y allí estábamos los flamencos. Desde entonces, todos los miércoles programan flamenco y casi todos los artistas locales han pasado por La Guajira. Para mi, que no vivo en la capital, cada vez que voy allí a cantar supone un reencuentro con mis compañeros y con otros tantos artistas y gente de la escena cultural de Almería.

Esta asociación es un ejemplo de las “nuevas fórmulas” del flamenco. No deja de ser una iniciativa privada amparada en el concepto “sin ánimo de lucro” para poder salir adelante, de acuerdo. Hubiera estado mejor una sala de conciertos o un tablao flamenco donde hubiera una programación semanal, con un montón de público, con todos esos turistas que tienen Almería abarrotada de gente con ganas de flamenco, donde se pagara una entrada en condiciones, donde el empresario tuviera un margen en condiciones y los artistas tuvieran un contrato en condiciones. Claro que para eso también tendría que haber un IVA en condiciones. Pero eso no está sucediendo ni aquí ni ahora…ni por lo pronto parece que vaya a suceder.

Frente a todas las dificultades que supone tener cualquier iniciativa cultural en la actualidad, están las ganas de organizaciones de este tipo de seguir caminando, de seguir construyendo con lo que se tenga a mano. Así, podemos tener a nuestro alcance un producto cultural que consumir.

Como artista, me gusta que el flamenco esté en un escenario accesible. Accesible quiere decir que pagando una entrada que van desde los 5 a los 8 euros aproximadamente puedo ver un concierto de una mínima calidad artística en un espacio digno. Esto pasa en la Guajira.

En este espacio, además de conciertos de flamenco hay de otras músicas; también exposiciones, talleres, charlas, etc. Estoy segura de que esta es otra de las claves por las que la programación de flamenco sigue funcionando cada miércoles. El sitio natural del flamenco, en mi opinión, es aquel donde se mezcla con las demás artes y músicas; como lo fue desde su etapa más temprana. A finales del siglo XIX nace como género artístico, a la par que las vanguardias, y ya lo llaman “género moderno”. Se representa en espacios como el café cantante y tiene cabida en los espectáculos de “varietés” donde se podía disfrutar de una variopinta exhibición de músicos, cómicos y hasta contorsionistas.

 

Seguiré escribiendo algo más sobre el tema, aunque antes quiero recomendar este libro. Una reflexión sobre los espacios flamencos, de Jorge Ribalta:

http://www.pieflamenco.com/publicaciones/nueva-topografia-del-flamenco/

Me voy a cantar! 😉